viernes, 19 de enero de 2007

Azul Profundo



No recuerdo ni el tiempo ni la materia que me hizo llegar aquí. Y sé que hubo un tiempo necesario y algo me hizo venir. Pero no sé el qué, y sigo preguntándomelo. Exprimo mi cerebro en busca de algún rincón perdido, lleno de recuerdos que me expliquen qué hago aquí.
Para responder, analizaré mi estado actual, algo que me dé las pistas necesarias para encontrar la solución al dichoso “qué hago aquí”. Unas pequeñas migajas para encontrar el camino. ¿Habré sido tan previsor como para ir tirándolas en mi caminar? Avanzar pensando en el regreso, buen sistema para estar siempre seguros de sí mismos. Ahora lo necesitaría. Sin embargo, no sé si regresar es una solución. Encontrar el origen quizás no responda a mi pregunta.
Estoy en un mundo sin materia, apoyado en el mismo vacío, sin más, flotando, levitando, volando. A mi alrededor se divisan nubes de un blanco inmaculado. Ahí arriba hay una luz intensa, de apaciguante color blanco, sin origen aparente, nacida en un punto indeterminado. Debajo de mí, sólo veo más nubes y un inmenso color azul. No hay más referencias, ni aves, ni aviones, ni se divisa tierra alguna. El azul lo posee todo, lo abarca todo.
Buscaré una referencia en mi interior. En el exterior no voy a encontrar nada. ¿Qué siento? Paz, un placer inmenso, siento una energía fuerte, un bienestar adormilado, un sopor dulce, embriagado en un estado de éxtasis continuo. ¿Es la felicidad? Me pregunto que me ocurrió para llegar a estar así. ¿Y esta sensación de desconocimiento? Lo único que mancilla mi tranquilidad.
“Shiva, Shiva...” alguien habla.
“¿Qué te ocurre, mi Shiva?” oigo más bien a lo lejos... con voz preocupada. Debo ser yo, alguien me nombra, alguien me requiere.
Me llamo Shiva, pues; y alguien que me siente suyo se preocupa por mi. Tendré que encontrarle, no queda otra posibilidad, no quiero asustarle. Pero, ¿cómo hacerlo? Tengo mis cinco sentidos aletargados en un sopor dulce, aunque son conscientes de existir. Veo y oigo.
Necesito tomar conciencia de más, de mi tacto, de mis manos, de mi boca...
Mis manos, siéntelas... me percato de su existencia, están aquí, como siempre... pero y ¿qué tocan?... hay algo en ellas. No nada, vacío... no poseen nada, pero tocan algo, acarician una suave piel. Sí, es la vibrante piel de una mujer, caliente y aterciopelada.
Noto como pierdo el placer, como empiezo a caer hacia abajo, atraído por una gravedad desconocida. Sin velocidad, pero caigo. Y la luz se aleja, las nubes oscurecen, el azul inmenso se torna grisáceo y sé que voy a aterrizar, algo habrá al final de esta caída...
Abro los ojos y veo a Shakti, mi compañera. Me abraza con ternura mientras sus ojos buscan intrépidos el fondo de los míos. “Ya estás aquí”, me dice. Sus piernas rodean mi cuerpo, estoy sudando. Todavía estoy dentro de ella. Le sonrío. Ya todo se aclaró, ya sé donde estuve, ya sé que hacía en ese azul interminable. Sólo sonrío y tras una leve beso, casi como una caricia, le digo “he estado cerca de Dios”.


[+/-] Mostrar/Ocultar el resto del texto

No hay comentarios.: