viernes 19 de enero de 2007

Sexualidad Humana


Definitivamente existen varios conceptos acerca de la sexualidad humana que son dignos de análisis. Nuestra sociedad tiende a manejar ideas muy superficiales sobre el tema; esta superficialidad afecta de manera alarmante el proceder del ser humano respecto a dicha cuestión. El concepto reduccionista de la sexualidad tiende a definirla como una serie de sensaciones puramente físicas siempre relacionadas con el placer y el actuar casi animal del hombre. El reduccionismo se conforma con lo que se ve y con lo que se siente; lo demás es relativo y fuera de toda comprobación. Dicho en términos llanos, para el reduccionista convencional, la sexualidad es lo genital.
Nuestra sociedad esta llamada a trascender el “genitalísimo” y empezar a hablar de sexualidad en términos más completos, tomando en cuenta a la persona como un universo. La sexualidad toca toda la persona: desde el pensamiento y sentimiento hasta la sensación y el proceder. El comportamiento humano se determina las más de las veces por su género, por su sexo. Lo masculino y lo femenino son complementariamente diferentes. De tal manera que no podemos reducir a la sexualidad a una sola parte de nuestro cuerpo o a una sola actividad humana: tan sexuado es un órgano genital como lo puede ser nuestra frente; la comprensión a tu pareja constituye una relación sexual como también la supone el coito. Tenemos entonces una visión global de la sexualidad humana, una visión que no reduce al sexo a una actividad específica, ésta es más bien un sistema interdependiente que abarca a la persona como un todo y que sobre la base de una relación sexual bien entendida, esta diseñada para la felicidad del individuo.
Existen tres elementos presentes en la sexualidad humana que la distingue claramente de la sexualidad animal. Si se hace un análisis superficial de estas diferencias pudiéramos caer en la conclusión falaz de que el ser humano es imperfecto en cuanto a sexualidad se refiere; pero un análisis profundo dará como resultado –como ya lo veremos, que la sexualidad humana implica una comunicación total entre la pareja.
La Curva de Excitación del hombre y la mujer es significativamente diferente. Mientras que el hombre alcanza la excitación casi inmediatamente y la ascendencia al punto más alto es más bien trepidante, la mujer se distingue por ser mucho más pausada alcanzando picos alternados. El regreso al punto de equilibrio en el hombre es también vertiginoso, entre tanto que la mujer desciende acompasadamente. A simple vista, como mencionaba en el párrafo próximo anterior, tales distingos suponen para las mentes ociosas una imperfección en la naturaleza humana. Precisamente por eso, explican algunos, existe tanta incompatibilidad –y frustración sexual entre muchas parejas. Nada más alejado de la realidad. Si se reduce la sexualidad humana a la simple cópula, no existe la menor duda que las diferencias prevalecerán sobre el complemento. Sin embargo, la clave se encuentra en la perspectiva del que hacer sexual del ser humano; si se entiende la sexualidad como un conocimiento total de la pareja que engloba la dignidad humana, podremos entender que tales diferencias pueden ser subsanadas con el entendimiento mutuo, la comunicación, el saber esperar, el comprender que lo que se busca no es la unión simplista de los cuerpos, sino el encuentro de personas. Para lograr tal encuentro y lograr conjugar las diferencias que al principio del párrafo se describen, es necesario conocerse integralmente; no sólo el cuerpo, sino el alma y el espíritu. No sólo buscar el placer personal, sino expresar el amor verdadero a la pareja en toda su condición como persona.


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